Alguien muy cercano a mí siempre me dice, de qué sirve que te das cuenta de que te equivocaste después de haberlo hecho, haces algo malo y luego pides perdón, deberías no hacer lo que sabes está mal. Como una forma de justificar no perdonar en el momento algún error cometido en su contra.
Creo que todos hemos sentido la falta de otro hacía nosotros y hemos experimentado esa sed de venganza o ese sentimiento de no querer otorgar perdón inmediato al otro, pues según nosotros no lo merece. Creemos que ese otro debería saber que su acto nos ha herido o qué debería identificar con claridad aquellas cosas que si comete atenta contra nosotros y exigimos que no se equivoque y que si lo hace no deberíamos estar obligados a perdonar su falta tan sencillamente.
DIOS NO ES ASÍ.
El modelo de perdón que Dios nos muestra es un perdón no basado en la buena conducta del pecador o faltante, tampoco en su intento de no pecar contra Él, sino en un pecador que por medio de su Espíritu ha sido convencido de pecado y ha sido llevado al arrepentimiento.
Venimos a Él inmediatamente después de haber pecado porque reconocemos que lo hemos hecho y necesitamos desesperadamente su perdón y Él está ahí listo para perdonar.
Hubo un tiempo de mi vida en el que dejaba de orar por periodos muy largos porque había pecado y sentía que Dios, al igual que esta persona de la que les conté, me exigía una conducta sin tacha para poder perdonarme o acercarme a Él nuevamente, sin duda perdí mucho tiempo en esos periodos de silencio y lejanía, creí muchas mentiras y me hundí más y más en mi pecado.
Si bien es cierto que nosotros debemos conocer profundamente la Palabra de Dios para así conocer su voluntad y vivir de manera que le glorifiquemos y nos alejemos cada vez más y más del pecado y de las obras de la carne. Él es consciente de que una y otra y otra vez vendremos a ÉL implorando perdón pues continuaremos pecando contra Él, ya sea intencionalmente o no.
Parte de nuestra naturaleza caída sigue operando en nosotros. Durante el proceso de santificación que Él está obrando, seguimos metiendo la pata y actuando de manera pecaminosa. Él lo sabe, no lo ignora, ni nos pide perfección absoluta, de otro modo nadie podría elevar una oración pues todos pecamos.
La obra en la cruz nos otorga el camino directo al Padre para implorar perdón, nos capacita de la oportunidad de elevar nuestra voz y clamar y que Él nos escuche y nos responda. Por medio de Cristo hemos sido justificados y las acusaciones tremendas de nuestro pecado han sido cesadas por la sangre que nos cubre, pero el pecado sigue a la puerta, sigue intentando enseñorearse de nosotros.
No obstante, Dios ha vencido al pecado y nos ha liberado de sus cadenas opresoras. Hoy somos libres de su poder sobre nosotros y podemos elegir no pecar, pero eso no quita la posibilidad de que erremos.
No obstante DIOS está dispuesto a otorgar PERDÓN INSTANTÁNEO.
No te va a solicitar que te limpies antes de venir a pedir perdón, ni te va a reprochar porqué pecaste contra Él si se supone sabes lo que Él espera de ti. Él está esperando a que vuelvas a casa y como aquel padre del pródigo extender sus brazos, darte un gran abrazo y hacer fiesta por tu regreso.
Sentirte miserable, no digno y sucio es normal y es bueno. Porque Dios se encargará de irte transformando poco a poco. No puedo imaginar a alguien venir a pedir perdón sintiendo altiveza o actuando con orgullo. Solo un corazón transformado reconoce la falta y pide perdón.
Pero ¿qué hay de nosotros? ¿deberíamos exigir "verdadero arrepentimiento" o una conducta "intachable" para poder perdonar a otros? Definitivamente NO.
No somos quién para hacerlo, si el mismo DIOS DEL UNIVERSO no lo hace, eso solo demuestra que no hemos entendido de qué se trata el PERDÓN que DIOS nos ha otorgado.
Terminamos siendo como aquel hombre de la parábola al que el Rey le perdonó su GRAN deuda y Él no pudo perdonar la MÍNIMA cuenta de su deudor. c.f. Mateo 18.21-35
APRENDAMOS a PERDONAR INSTANTÁNEAMENTE.
APRENDAMOS a PERDONAR como DIOS.
No hay comentarios:
Publicar un comentario