Tenía alrededor de diez u once años, estaba atravesando lo que sería uno de los días más horribles de mi vida. Tenía mucho miedo, me sentía sola y estaba profundamente triste.
No recuerdo con sinceridad cómo fue que llegué a pensar que necesitaba orar, clamar por ayuda divina. Pero, aunque no recuerdo quién fue quién me dijo que podría hacerlo, sé que Dios fue quién me guio a hacerlo.
Era de noche, abrí la puerta de mi casa y salí para ir al patio de la casa vecina, estaba deshabitada y tenía una pequeña barda que dividía nuestro patio del suyo y ahí encima de un tinaco enterrado a manera de cisterna, me hinqué y oré.
Mi oración fue una petición: "¡Dios, si en verdad existes, salva a mi familia y si lo haces yo voy a creer en ti!" No recuerdo con claridad si dije algo más, pero al regresar a casa pensé que ya todo estaría diferente, no obstante, en ese momento mi mamá me dijo: "Haz una maleta, nos vamos" Yo sentí que el corazón se me rompía, pensé que Dios no me había respondido y que al contrario todo estaba igual.
Empecé a guardar mis cosas y sentía un dolor tan profundo, acompañado de un temor y decepción. Mi mamá nos llamó a mis dos hermanos y a mí para emprender nuestro viaje, yo pensé que mi familia se rompía justo en ese momento. No recuerdo si lloré, pero lo que sí sé es que sentía un dolor sumamente profundo.
Comenzamos a caminar hacía la salida del fraccionamiento dónde vivíamos y mientras íbamos avanzando yo pensaba en cómo Dios no me había escuchado, cuando de pronto mi mamá se detuvo inesperadamente, dio la vuelta y dijo, no, nos iremos, hay que regresar.
En ese mismo instante mi fe fue de cero a cien, no podía creer lo que estaba ocurriendo, mi mamá estaba decidida a regresar y era justo lo que yo deseaba, no creí que ocurriría, solo a través de un milagro. Y así fue, Dios respondió.
Dios se toma enserio cuando nos llama y cuando nos da fe. Para cualquiera sería una niñita torpe y miedosa, pero para Dios era su escogida. Él me había escogido desde el vientre de mi madre y simplemente había llegado el momento de presentarse ante mí y darse a conocer, como ese Dios todopoderoso pero también misericordioso y amoroso, que escucha y responde.
¿Sería esa mi primera oración? No lo sé, probablemente sí, pero sin duda alguna fue la primera vez que escuché su voz llamándome.
Hoy tengo veinte años más y he decidido escribir esto para no olvidar la bondad de mi Dios, en ocasiones creo que nos enfriamos de amor porque nuestra mente olvida con facilidad lo que Dios ha hecho en nuestras vidas. Al igual que el pueblo de Israel, deberíamos tener el hábito de ir dejando montoncitos de piedras que nos recuerden las obras gloriosas y milagrosas que Dios ha obrado en medio nuestro, para así mantener nuestros ojos puestos en Él, el autor y consumador de la fe.
Y a ti, ¿cómo Dios te ha llamado? ¿cuál fue tu primera oración?
No hay comentarios:
Publicar un comentario